jueves, 29 de septiembre de 2011

El amor, es como un libro.No me crees? Mira...

Imagina que estás en una biblioteca. Recorres las estanterías con la mirada hasta que un libro en especial llama tu atención. Lo coges y empiezas a leer una, dos, tres páginas. Notas cómo las palabras se te hacen pesadas y necesitas una enorme fuerza de voluntad para terminar el primer capítulo. Lo consigues y empiezas el siguiente, esperando encontrar algo nuevo, pero no. Te das cuenta de que ese libro no es para ti y lo abandonas.
Otra vez recorres -quizás más atentamente- las estanterías y finalmente te decides por otro libro. Comienzas a leer… y te resulta adictivo. Sin darte cuenta ya vas por el octavo capítulo y dos horas se te han pasado como cinco minutos. Te debates entre leerlo todo de un tirón o saborearlo más lentamente. El error más común que cometemos cuando encontramos el primer libro que de verdad nos gusta es que lo leemos demasiado rápido, sin prestar atención a los pequeños detalles, nos saltamos páginas, lo descuidamos… De pronto nos damos cuenta de que las páginas se han acabado y de que hemos llegado al final. Nos queda un sabor agridulce en la boca y lo dejemos en la estantería, algo avergonzados y con la promesa de que el próximo lo apreciaremos más.
Rara vez se encuentra otro libro tan adictivo como el primero, pero supongamos que lo encuentras y esta vez te lo tomas en serio, procurando que dure aunque sea unas horas más, apreciando cada matiz, saboreando todas y cada una de las palabras. Pero el final es el mismo: estas triste y contento a la vez. Contento porque ha sido un excelente libro y estás orgulloso de él. Triste porque al fin y al cabo, ha terminado. Se terminaron las sorpresas, el suspenso, los secretos... Ya has averiguado todo ¿Qué haces entonces? Si te propones  buscar otro más como ese, ten por seguro que terminarás solo y nunca volverás a leer algo tan exquisito. Pero si lo vuelves a leer, una y otra vez, al menos podrás seguir disfrutando ¿Y qué pasa entonces? Entras en un estado repetitivo y nada emocionante. Aunque lo leas más de cien veces, terminarás –aunque sea en gran medida- aburriéndote. Y ahí se nos plantea otro problema ¿Qué hacer? Desesperado, buscas libros de segunda mano, de esos que ni tienen nombre. No te gustan, pero sirven para pasar el rato…




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